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Ventana Mágica

Pérfido

Salí de cacería con mi padre, mi puntería era la peor pero mi padre tenía mejor suerte, le disparó a una liebre de cinco kilos, cuando íbamos a recogerla llegó un lobo increíblemente grande a reclamar la presa, quedamos paralizados del miedo mirando aquel animal de ojos rojos, mis piernas crujían, el latido de mi corazón podía escucharse.

Sin movernos nos quedamos mirando como el lobo recogía la liebre con afilados dientes sin dejar de mirarnos. Levantó la presa, se acercó a nosotros con paso ligero y la colocó a los pies de mi padre.

Para él fue un acto de lealtad y dejó que el temible lobo nos acompañara en la cacería, fueron cinco liebres en total las que el lobo nos ayudó a cazar, al terminar la tarde volvimos a casa, con el lobo siguiendo nuestros pasos, mi padre lo llamó Pérfido y lo nombró su compañero de caza.

Así fue como me reemplazó una bestia en el bosque y en mi propio hogar, con Pérfido en casa no pude dormir esa noche escuchando sus aullidos, mi piel se erizaba, miré por la ventana a la maldita bestia, solo pude ver el reflejo de sus ojos rojos, al que se sumaban cada vez más ojos y aullidos, era una manada de lobos que llegaba para cazarnos.

Mi padre salió con rifle en mano, yo iba tras él queriendo parecer envalentonado, rápidamente tres bestias saltaron sobre él, lo descuartizaron halándolo por las extremidades, yo recogí el rifle y apunté a Pérfido, pero sus ojos sobre mí me recordaron lo pésima que es mi puntería.